lunes, 22 de agosto de 2011

Reestructuración de Estado y replanteamiento de conceptos*

Entre estas dos grandes esferas que conforman la formación social mexicana, la estructura del Estado y la organización del Estado, disociadas entre sí a través del tiempo, por el mismo desgaste de las estructuras del poder, es donde debemos centrar nuestro estudio crítico y trabajos legislativos. Para ello, debemos tener claro que el primer punto de unión y de trabajo es el replanteamiento del marco constitucional.
Un segundo problema a replantear se refiere a los elementos constitutivos del Estado como son los conceptos: a) De pueblo, población, ciudadanos que conforman una sociedad, identidad y convivencia social donde se da cita la política. El concepto tradicional de pueblo, en este sentido, deja fuera a los mexicanos que viven en Estados Unidos, a la convivencia social dentro de un marco global, internacional, donde se desarrolla realmente la política en nuestro tiempo en lo militar, político, económico, cultural. El replanteamiento está, por tanto, en conceptualizar una sociedad o formación social local, sin ser ajena o independiente de una formación social internacional, regional o universal; b) De Territorio o superficie perteneciente a una nación y donde, los límites de cielo, mar y tierra, en estos momentos son obsoletos, o mejor dicho, son relevantes para la conformación de una soberanía regional, local, pero no para la conformación de una soberanía nacional compartida. c) De poder, autoridad y legitimidad que lleva a la conformación de un régimen político, a las reglas de participación de una sociedad de clases, sea en grupos de presión (agricultores, profesionistas, religiosos, medios de comunicación, entre otros), asociaciones políticas, grupos de interés, partidos políticos, sindicatos.
El replanteamiento de estos tres conceptos es lo que nos lleva a configurar una forma de Estado (simple o compuesta), el marco constitucional que la condense, sintetice y reglamente; en el caso mexicano se estaría por una Constitución abierta, un Estado realmente federal o compuesto, pacto de entidades federativas en lo fiscal, económico, social, político. Un real pacto federal, incuestionable representación política y sólida división de poderes.
Yo guardo la esperanza de que sectores nacionales, sean los intereses económicos nacionales relegados del marco internacional, sea la sociedad misma a través de organizaciones no gubernamentales, partidos políticos, sindicatos o campesinos, encabecen la transformación de un Estado sin credibilidad y sin consensos, a un Estado realmente de derecho. Es el momento de que el Estado abandone su preocupación central de responder a intereses externos, sin importarle, incluso, comprometer puntos estratégicos de la economía. Liberación económica no significa asegurar un mejor desarrollo nacional y, por tanto, una mejor distribución del ingreso.
Es el momento de replantearnos como nación, de aprovechar, diría Luiz Inácio "Lula" da Silva, refiriéndose a Brasil pero que bien puede asumirse para México, “los espacios abiertos por la globalización. Pero al mismo tiempo tenemos el deber de proteger a nuestro país de los riesgos globales. La ejecución de nuestro programa de gobierno refutará con hechos la propaganda conservadora que sostiene que no existe una alternativa al neoliberalismo. Bien sabemos que es posible otra globalización en la que los intereses del capital extranjero estén subordinados a los intereses de la sociedad.” El reto está presente.

*González Licea, Genaro, Ensayo sobre la reestructuración del Estado mexicano, Amarillo editores, Derechos Reservados a favor del Autor, México, 2001.

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